TEATRODIX PHESTIBAL 2021​

I edición

Todo empieza con un nombre. Teatrodix Phestibal — con sus letras inventadas y su ortografía rebelde — fue idea de Mikel Urmeneta, diseñador navarro reconocido entre los 100 más creativos del mundo según Forbes. Un nombre que, como él mismo explicó, nace en una lengua indeterminada para abrirse paso en cabezas cansadas de malas noticias. Optimismo y activación desde el primer cartel.

Del 19 al 29 de octubre de 2021, Pamplona acogió la primera edición de este festival de teatro comunitario con una convicción clara: las artes escénicas son una herramienta real de transformación social. Durante diez días, la Escuela Navarra de Teatro, el Teatro Gayarre, Antartika Kultur Container y el Auditorio de Berriozar se convirtieron en espacios de encuentro entre profesionales de las ciencias sociales, estudiantes, docentes y personas en riesgo de exclusión — todos compartiendo el mismo escenario, en pie de igualdad.

La programación se articuló en dos bloques complementarios: introspección y transformación. Cinco talleres con especialistas locales e internacionales exploraron el teatro como herramienta de autoconocimiento y cambio social — desde la teatro-terapia de Natalia Ayesa hasta la videoconferencia magistral de David Diamond, referente mundial del Teatro para la Vida, que conectó en directo desde el escenario del Gayarre. Todos los talleres colgaron el cartel de lleno.
Las puestas en escena pusieron el cuerpo a lo que los talleres pensaban. AITA, Conservando Memoria y Lloviendo Ranas llevaron al público a vivir en primera persona realidades invisibilizadas, y los foros posteriores con actores y directoras rompieron la cuarta pared para convertir la butaca en un espacio de reflexión colectiva. Más de 300 personas asistieron a las funciones, con usuarios del París 365 presentes en cada una de ellas, de forma gratuita.

Esta primera edición dejó algo más que buenos datos: dejó red. Diez entidades se sumaron al proyecto, se generaron sinergias entre ponentes que impulsaron iniciativas comunitarias en Pamplona, Barcelona y Sevilla, y se abrieron canales de colaboración entre agentes culturales y sociales que compartían una misma convicción — que el teatro puede ayudar a comprender mejor la realidad y a las personas que la habitan.

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